Para poder desheredar, lo primero que hay que tener en cuenta es que en la sucesión haya personas a las cuales deba dejárseles necesariamente una porción de la herencia. Son los llamados herederos forzosos o legitimarios. Le ley les reconoce el derecho a recibir una parte de la herencia, llamada legítima, de la cual no pueden ser privados sin una determinada causa legal.

Deshederar: en qué consiste

Esto sería la desheredación, “la disposición testamentaria por la que el testador priva de su legítima a los herederos forzosos o legitimarios en virtud de alguna de las causas expresamente determinadas por la Ley”.

Además, para poder desheredar a alguno de esos sujetos, debe hacerse en testamento, siendo nula cualquier otra forma o medio. Y, siempre, conforme a alguna de las causas predeterminadas por la ley. No se puede desheredar al margen de ellas, por muy justificado que se esté moralmente o graves que sean las circunstancias.

Causas para desheredar

Causas como las de ser indigno para suceder por haber abandonado o prostituido a los hijos, haber sido condenado por atentar contra la vida del testador, de su cónyuge, descendientes o ascendientes, etc., haber obligado al testador a hacer testamento o cambiarlo, o impedido hacer testamento, o revocar el que tuviera hecho.

Pero también hay causas legales específicas según se trate de desheredar a los hijos, a los padres, o al cónyuge. Algunas de ellas serían, por ejemplo, negar, sin motivo legítimo, los alimentos al padre que le deshereda, haberle maltratado de obra o injuriado gravemente de palabra, haber perdido la patria potestad o atentar contra la vida del testador o su cónyuge.

La legítima

Pues bien, ¿ qué ocurre en el caso de que las causas alegadas para desheredar no sean ciertas? Puede que el testador si los han inventado simplemente para dejar a  alguien fuera de la herencia. En ese caso, el desheredado podrá oponerse, lo que obligaría a los demás herederos a probar la certeza de la causa. Si éstos no llegan a probarlo, el desheredado conservará su derecho a la legítima, reduciendo o ajustando, si fuere necesario, la herencia.

En definitiva, para evitar poner a los herederos en la tesitura de pruebas casi imposibles, de tener que reajustar la herencia, y de largos pleitos, es preferible no desheredar, sino otorgar un testamento en el que a esa persona se le deje lo mínimo que permite la ley -la legítima-, disponiendo que además, dicha parte sea pagada o en metálico o en determinados bienes que no perjudiquen al resto de los herederos. De ese modo, no podrá oponerse la herencia y al resto de los herederos no se les pondrá en una situación tan conflictiva.

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