Toda organización está constituida por una serie de elementos, personas, instalaciones o recursos. Procesos y procedimientos orientados a un propósito: desarrollar un equipo. De todos los elementos, el motor, tanto de equipos como de organizaciones, son las personas.

Siempre lo han sido, pero, hoy en día, la incertidumbre generada por el COVID- 19, ha obligado todavía más a poner el foco en el talento antes incluso que en la tecnología. La tecnología no deja de ser una herramienta útil, pero que resulta inútil si no es gestionada con talento.

¿Cómo desarrollar un equipo u organización para que tenga el mejor y más alto desempeño hoy en día?

La respuesta consiste en incorporar al equipo las adecuadas habilidades técnicas (hard skills) y las correctas competencias (soft skills), pero orientadas a la flexibilidad para obtener una ventaja competitiva con los mismos recursos disponibles, transformando el equipo en más ágil, más lean.

Las habilidades técnicas no sólo deberían ir enfocadas hacia la especialización, principal objeto de la posición del miembro del equipo, también hacia alguna otra especialización secundaria que muestre otras habilidades.
Las competencias no sólo deberán mostrar las adecuadas habilidades sociales alineadas con la posición y la cultura de la empresa, también deberán mostrar una orientación hacia la adaptabilidad a las nuevas situaciones. Los cambios deben verse como una oportunidad de mejora y no como una amenaza.

Proceso y base de funcionamiento de un buen equipo

Este proceso empieza en la selección de personal y termina en la gestión del equipo. La base del funcionamiento y desarrollo es el seguimiento periódico, el aprendizaje, la comunicación constructiva tanto de los objetivos como de las necesidades, las dificultades, los progresos y los errores y aciertos.

Así el proceso permite al equipo y a su gestión, exponerse a diferentes áreas y situaciones, resolver desafíos y por tanto ayudar a los individuos a desarrollar todo su potencial creciendo profesional y personalmente en una constante
mejora. Esta gestión se percibe tanto dentro como fuera del equipo u organización como más atractiva, colocando a las personas adecuadas en los roles adecuados movilizando una mayor atracción de talento, un mayor rendimiento y productividad disminuyendo la rotación y los costes innecesarios. Impulsando, por tanto, al equipo u organización en su mejor y más alto desempeño.

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