(Artículo basado en una historia real)

La situación

A cierta persona le incomodaba decir que estaba cobrando una ayuda del gobierno, ya que poseía suficientes conocimientos y habilidades como para poder haber encontrado un puesto de trabajo.

Tampoco podía permitirse no hacerlo dadas sus circunstancias económicas. El bombo mediático sobre la nueva Ley de Autónomos despertó en él la curiosidad y, animado por amigos y familia, decidió informarse para ver si era capaz de dar forma a cierto proyecto que le habían ofrecido.

Las noticias continuas sobre ayudas a los emprendedores no dejaban de sonar en su cabeza y los parabienes sobre el proyecto de la nueva ley acabaron de convencerlo.

El paso

Tras gestionar él mismo los documentos en los distintos organismos, se convirtió en trabajador autónomo en junio de 2017. Evidentemente sabía que iba a someterse al tremendo riesgo de empezar.

Su cartera de clientes era pequeña y los tres primeros meses estuvo, como quien dice, cambiando el dinero. La cuota bonificada de los famosos 50 euros le ayudaba algo, pero la empresa no crecía al ritmo esperado y sabía que a los seis meses aquella cuota casi se triplicaría.

Pasados los seis primeros meses, su facturación continuaba siendo la misma y el coste de la cuota de autónomos era ya de 137,97 €. Cualquier desviación o traspié ponía en peligro el proyecto. ¡Qué difícil es concentrarse en la guerra!

El problema

Un retraso puntual en los cobros le obligó a fraccionar el IVA del 4º trimestre y no pudo atender la cuota de autónomo durante 3 meses Pensó que, nada más cobrara sus facturas pendientes, liquidaría las cuotas atrasadas que, según la nueva ley, sería un 10%; o sea, 137,97 + 13,79 = 151,76 €….Por 3 meses: más o menos 450 €…..¡Pero no!

Cuando pudo liquidarlas solicitó carta de pago y ¡sorpresa! la cuenta no era la que él había hecho. La Seguridad Social le reclamaba algo más de 330,00 euros. Enfadadísimo, explicó que tenía la cuota bonificada. El funcionario le dijo que, una vez incumplido el pago, la Ley marca que se exigirá el 100% de la cuota más el 20% de recargo (al haber transcurrido un mes del impago); o sea: 275,05 € + 55,00 € de recargo + 3,00 € (aprox.) de intereses. Es decir, algo más de 1.000 € que nuestro pobre emprendedor se encontró que debía. Eso, sin contar que se puede convertir en un 35% si la Seguridad Social le reclama y no atiende el pago. La cosa ya se pone alrededor de los 371,00 € por recibo.

Rogó un aplazamiento que, por importe, no le concedían.

La sombra

Por otro lado, el primero de los recibos ya se encontraba en vía de apremio y señalamiento de bienes, lo que suponía la sombra del embargo en su debilitada cuenta y el peligro de encontrarse con la sorpresa que su poco disponible le fuera embargado.

De camino a su casa, bajo las calores que el verano trae y con las ilusiones rotas, puso la radio del coche mientras se preguntaba: ¿Cuántos viajes más, cuántas horas más, cuántos kilómetros más tendré que hacer para poder pagar esta deuda? El informativo de la una de la tarde abría con esta noticia: El litro de diésel será hasta 15 céntimos más caro con la subida que planea Pedro Sánchez

De un manotazo apagó la radio.

El (triste) desenlace

En su casa, en silencio, encendió el ordenador y se dio de baja en Hacienda, en la Seguridad Social y solicitó cita previa para reanudar la ayuda del Gobierno.

Es cierto que las administraciones no han cometido ninguna ilegalidadtodo está en las leyes.

Es cierto que nuestro amigo no estuvo bien asesorado y es cierto también que la sociedad sólo se queda en los majestuosos titulares.

Y, por supuesto, es cierto que lo legal no siempre es legítimo o lícito. Legítimo significa también “equitativo, justo y fundado en razón. Las pretensiones legítimas de nuestro amigo eran conformes a la equidad y a la justicia, pero no a la ley. El silencio de la letra pequeña, de lo oculto, del recoveco de los subapartados convierten en ilícita cualquier magna disposición legal.

Por ello, nuestro amigo, por imperativo legal se encuentra nuevamente en desempleo, avergonzado de recibir un mísero subsidio en peligro de embargo.

Moraleja

¡Ojo con las ayudas para los autónomos! Antes de beneficiarse de ellas, mejor tener un plan comercial donde la captación de clientes y la generación de fuentes ingresos sean parte importante del trabajo de los primeros meses. De lo contrario, el riesgo de caer en el impago será mayor. Y eso está castigado. Por lo que puede ser peor el remedio que la enfermedad.

Así que, para que ciertas condiciones legales no den al traste con tus proyectos, asesórate de todo lo malo (de las letras pequeñas y consecuencias) porque de lo bueno ya te encargarás tú.

 

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